¿Es Google Wave un fracaso?

La respuesta es no. A lo largo de estos días, cuando Google anuncio el cierre del proyecto he leído muchos post argumentando diversas razones para esta decisión. Pocas me han convencido, se nota que muchos de los que escriben esos post ni siquiera lo han usado.

Cuando nació, en el Google I/O de 2009, corrieron ríos de tinta digital, sobre este nuevo producto de la factoría Google y como muchos dijimos “va a cambiar el email y otros muchos conceptos”. Demasiada expectación quizás, meses más tarde, a finales del 2009 , el servicio se abrió sólo para unos pocos a través de invitaciones que llegaron a cotizarse a $60 (o más) en eBay, todo el mundo quería usar Wave.

Entonces llegaron las primeras decepciones del público generalista y Google Wave fue cayendo poco a poco en el olvido; era más divertido y fácil seguir utilizando Facebook y similares. No se entendía la herramienta, nunca se entendió (quizás es el único fallo achacable a Google).

Como muchos advertimos en ese momento, Google Wave no es una herramienta fácil de entender; incluso probarla no era fácil (y no por su facilidad de uso que es demoledora) sino porque para usarla tienes que tener un propósito (generalmente de trabajo y no lúdico). Es como si te dieran una brocha tecnológicamente súper avanzada y no tuvieses paredes que pintar, cubo de pintura etc. no tendrías nada que hacer con ella, al poco tiempo te resultaría un juguete aburrido.

Sin una finalidad detrás Wave es un superjuguete sin sentido, pero cuando surgen objetivos, tareas que precisan trabajo coordinado y colaborativo ese superjuguete sin sentido se convierte en un F1 rugiendo a más de 100km/h en un segundo.

La gente ni lo ha entendido, es más cómodo no pensar, no probar, seguir generando documentos y enviarlos como ficheros adjuntos en un correo electrónico seguir siendo prehistórico en nuestra forma de realizar trabajos coordinados y colaborativos.

Wave es una plataforma, es una nueva forma de hacer las cosas, es un F1 que Google puso en nuestras manos y no supimos ni arrancar, se nos calaba constantemente y encima le echamos la culpa al coche, a la tecnología, al circuito, al mecánico etc. La culpa es vuestra no sabéis conducir, yo ya me he dado muchas vueltas al circuito y he disfrutado mucho.

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